domingo, 19 de octubre de 2008

Pequeñas pero esenciales cosas del surf

No lo soporto más. Juro no volver a leer otro más de esos típicos artículos que vienen en toda revista de este mundillo, en los que el autor se pone a ensalzar las otras bellezas de nuestro ecológico deporte acuático.

Que si el surf empieza con esos primeros rayos dorados de sol sobre los montes, iluminando mágicamente miles de gotitas llevadas por la brisa mañanera. O que si el placer de pisar la hierba mojada, mientras corres por aquel sendero secreto para encontrarte con esa cala solitaria, acompañado por ovejitas pastando y un delfín juguetón para compartir la sesión.

Resulta insultante, al menos para un surfer urbano como yo. ¿Urbano? No solamente urbano, sino residente en una de las costas con más ladrillo por metro cuadrado de Europa, y da la sensación que de todo el mundo. Eso no significa otra cosa que, para ver algo verde, me tengo que meter en una verdulería. Y que para que los primeros rayos matutinos me cieguen los ojos alguien tiene que haberse llevado primero la contaminación barcelonesa a otra parte. ¿Y qué hay del frescor que siente uno en la planta de los pies, no a causa de la hierba amablemente escarchada, sino debido al perpetuo e inerte cemento? ¿Y ese olor a petróleo y aceite que me impide pegarme un desayuno como Dios manda antes de meterme al agua, si no quiero potar hasta la última gota de mis queridos jugos gástricos?

Joder. Ya se que las Mentawaii existen y que en este preciso instante hay como cuatro millones de olas rompiendo perfectas y solitarias por todo el planeta. Me ha costado veinte años aprender a no enloquecer pensando en ello y a no martirizarme por haber nacido frente a un aburrido charco. Lo que ya es el colmo es que cada dos por tres, y con lo consumidor compulsivo de revistas que soy, cual metadona al yonki, alguien me recuerde que debo aprender a valorar esas pequeñas cosas cotidianas que nos rodean. Porque al menos a mi, no me rodean, más bien me quedan lejos. Muy lejos. Para ser exactos me quedan en el Cantábrico, a siete horas de casa. Y qué casualidad que justo ahí, donde piso la hierba mojada nada más bajar del coche y donde un suave offshore matutino me trae los aromas del monte, hay un izquierdón que espera, perfecto, a que algún catalán lo desvirgue.

Para mí, esas otras cosas son LAS cosas del surf. Es el surf en sí mismo. Y el que no se haya dado cuenta aún o no lo valore lo suficiente, me podría ir haciendo el favor de salirse del pico e irse a jugar al futbolín del pueblo, donde seguro se lo pasará mejor. Ya le pagaré yo una caña, o dos si consigo hacerme con la ola del día.

5 comentarios:

Antuan dijo...

Interesante visión del surf mediterráneo, hay muchas cosas con las que me siento identificado aunke en mi blog no lo diga :)
Cuántas sesiones viendo pasar el tren delante tuyo y oyendo los coches pitando en formación caravana en la NII.
Date un garbeo si te place
http://atragantrao.blogspot.com/
Ahora agrego el tuyo en mi lista
Un saludo y suerte con el blog!
Antuan

RedFish dijo...

Es verdad lo del tren. Menudo murallón tenemos en el Maresme. ¡Ese sí que es un muro de la vergüenza!

En la Caleta sin en bargo, al haber mantenido ese pequño monte... pues mira, da como otro rollo, ¿no? No es para echar cohetes, pero visto lo visto, es de lo más "natural" que tenemos entre Barcelona y Malgrat... ¡Ya es triste tener que conformarse con esto!

Ahora le pego un vistazo a tu blog.
¡Salud!

Sergi

Niegà dijo...

Y sin embargo no estamos (o estáis) tan mal. Hace años hablando de eso con Evan Illas (verdadero pionero del surf catalán pues lleva en eso desde el 1978) me decía que al fin y al cabo, ahora hay un cierto control sobre la calidad del agua y las arenas en nuestras playas, cosa que en los años 70 no era así y más teniendo en cuenta la industrialización del Maresme.

Y en cuanto al tren, los días de olas es uno de los trayectos más entretenidos ue pueda hacerse en ningún tren del mundo.

Benvingut a la blogosfera Sergi.

Niegà

RedFish dijo...

Tienes razón en todo, Niegá, pero yo daría lo que fuera por volver al olor a pescado frito del bar del rompeolas, y a los gatos y las ratas del espigón del Club. Tú no?

Una abraçada!
Sergi

Niegà dijo...

En eso te doy toda la razón. La BCNeta nos la jodieron bien jodida ya hace muchos años, y cada año trae peores noticias.

Niegà