lunes, 1 de diciembre de 2008

Si no te van los campeonatos, no tienes por qué leer esto

Líneas desde el Charco no es un espacio para disertar sobre asuntos de actualidad. Mas bien al contrario, pretende hurgar en lo que queda de los típicos tópicos surferos, después de que éstos hayan pasado por el pasapurés mediterráneo. Sin embargo, el sábado 19 de noviembre sucedió algo en las playas de Badalona que DEBE ser contado, aunque sea haciéndolo desde mi punto de vista particular.

Durante mi pasado corchero organicé varios campeonatos de bodyboard, e incluso un par de ediciones de lo que llamamos Circuït Català de Bodyboard. Sé, por lo tanto, lo que tienen sobre las espaldas estos muchachos de la Escola Catalana de Surf. También sé que les habrán echado mucha mierda, aunque tanto da porque se ve que los tienen bien puestos. Ahora bien, la liaron tan gorda el sábado y fue todo tan bien, que a ver qué metas se marcan ahora estos tíos.

Para mi todo empezó el miércoles con unas llamadas de Abel (el comandante en jefe del asunto). Mírate estos partes, decía. ¡Uf! Yastamos… Nordeste el viernes, suroeste el sábado. Si nada cambia, olas va ha haber, pero no veo nada claro que el Medi sea capaz de ofrecer nada decente con un cambio de mar de 180º en tan sólo 12 horas. Al menos el viento pinta bueno. Al final argumento que por mí, adelante, que el circuito consta de tres pruebas y que no se puede aplazar eternamente. Hay que arriesgar. En la ECS piensan lo mismo y se pone el tema en marcha.

El viernes, bañazo en casi todas partes, así que para qué contarlo. Al anochezer aún rompían series de un buen overhead y medio, pero las 7am del sábado el mar ha muerto. La cagamos por 6 horas, eso pensé. Lo poco que entra aún es del nordeste, aunque el viento es bueno y salen unos tubitos de caramelo. En el Club Nautico de Badalona amanece con la pancarta de la ECS rasgada a navajazos. Lo reparan con cinta adhesiva y siguen los preparativos con más ánimo aún.

Noto algo raro en el ambiente, siento como si todo esto no me fuera nada familiar. Pero debería serlo. ¿O no? Caigo en la cuenta cuando un chavalín me pregunta si yo compito. Respondo que claro, al tiempo que algo me sacude fuerte el cuerpo. Ahí estoy yo, a mis 34 tacos, casi doblando la media de edad de los participantes. ¡Joder, Peter Pan! Pues sí, ¿y qué? A defender el pabellón de los veteranos, que por alguna parte empezó todo y no quiero que estos nenes lo olviden. Esa será hoy mi motivación.

El mar está precioso y parece que cada vez viene menos del este, y cada vez más del sur. El tiempo, revuelto y loco, con chaparrones y rayos de sol. El traje se lo pone uno en un vestuario, como los futbolistas, y se lo quita también ahí, pero debajo de un chorro de agua caliente. Oí decir que había un yacuzzi, pero no me molesté en buscarlo. En cambio sí que eché en falta una barbacoa o comida calentita, ya puestos a pedir. La primera manga la paso de primero, porque consigo hacerme un floater irrisorio. Y no es que los demás no andaran, si no que no ha entrado nada surfeable. Mi siguiente manga es dentro de mogollón de mangas, aunque se suceden con tal velocidad que al final me descuento y entro cuando mis rivales ya están surfeando. ¡No puede ser! ¿Y la dignidad del club de los treintayplus que me había autocomprometido defender? Me he dado cuenta de que están puntuando tubos con notas exageradas, así que en eso me concentro. Pillo dos olas rápido y espero la buena. La recompensa llega en forma de tubo y salgo del agua a falta de un minuto para la bocina, convencido de que he hecho lo que tenía que hacer. Y paso segundo.

La cosa empieza a ponerse de película y la gente no da crédito. Muy a mi pesar, a medida que sube el mar dejan de salir izquierdas, y con ellas mi único recurso: los tubos de cara. Al final, todo quedará en mi selección de olas y en que me salga lo que nunca me ha salido aún, todo en 15 minutos. Y como ni me cuadran bien ni me sale nada, pues a la calle. Pero estoy contento. Además, la luz está increíble y tengo mi cámara; ya casi no quedan nubes, el viento le da de cojones y encima me han dicho que en todas partes está fatal. Precisamente esto último multiplica por diez mi satisfacción. Festival de tubos, los hay por todas partes. La visión hacia Barcelona resulta una mezcla entre Huntington (con el espigón ese del petróleo de Badalona) y Jeffreys Bay. Las líneas, ordenadísimas, entran del sur barriendo toda la playa en una cremallera que a veces deja que los finalistas salgan de algún tubo, y prosiguen su camino hacia el norte, donde el viento las machacará. El campeonato acaba pero yo sigo con mi cámara. No doy abasto, quiero fotografiar todas y cada una de las olas que nos manda nuestro (por hoy) queridísimo charco. La última luz púrpura del día me deja algunas de las imágenes más increíbles que he captado con mi cámara, aunque se que quizá sea esta una de las jornadas más fotografiadas de los últimos años en las costas catalanas.

Motivos no faltaron, sobretodo para aquellos que encontramos en la competición un argumento distinto para marcarnos ciertos retos y tratar de superarlos. Quizá otros no sientan esa necesidad. Yo si.

Podéis ver más imágenes en http://picasaweb.google.com/fotosgalano/CircuitCatalDeSurfBadalona#