Actualmente mi radio de acción excluye todo lo que quede entre Badalona y Segur de Calafell. En efecto, para mí, Barcelona ya no existe. La depresión que me causa el teatro-fashion que se está montando allí no merece la pena; ni que te rebienten el coche a los 5 min de meterte al agua, o que te vacíen la cartera en el parquing.
Lo del blog... pues, a parte de porque me da la gana, me viene a cuento porque me he dado cuenta de que son ya 20 los años remojándome en mi queridodiado charco. 20 años que, sigo sin comprender el porqué, no han conseguido quitarme el mal vicio de surfear. Si, muy mal vicio, aunque con el paso de los años bien llevado, menos mal.
La esperanza es lo último que se pierde. Foto cedida por Norman Perdigó (es sin duda la secuencia de fotos más increíble, memorable y emotiva que me han hecho nunca. Gràcies Norman!).
Digo mal vicio porque fué motivo de crisis familiares de gran calibre, matrimoniales también; de campanas y cambios de planes injustificables; de montones de mentiras ruines y el causante de mi total pavor al compromiso. Todo por el surf y por un Mediterráneo que no regala nada. Más bien todo lo contrario. Todo por unos escasos momentos de algo que lamentablemente no he logrado encontrar en ninguna otra actividad. Como mínimo, no con esas dosis de pureza que proporciona deslizarse por una maldita ondulación líquida. Ni asfalto, ni nieve, ni aire, que vienen a ser para el surfer como la metadona al yonky. Por lo visto solo me vale lo líquido, y encima salado, que ya podría haber sido dulce.
Para colmo no me enganché por ninguna moda, aún tendría explicación mi caso. No, lo mío venía en los genes, lo tengo claro. No había otra. El día que coincidí con otros chalaos haciendo lo mismo que yo en la playa les di una alegría mayúscula a mis padres. Y descartaron el manicomio.
El tamaño no importa. Foto: Steph
¿Porqué el surf? ¿Porqué aquí, en el Mediterráneo? ¿Y porqué justo aquí, en la costa catalana, seguramente la peor orientación de todo el maldito charco?
Pero no, no he acabado por cortarme las venas, ni voy a hacerlo ahora. Me costó, pero acabé por aceptar la realidad e intentar conceder al surf un lugar justo en mi vida. Lo bastante presente como para no caer en un permanente estado de apatía y autoabandono, pero lo suficientemente ausente como para que la frustración constante no me despierte alguna tendencia suicida. Ése es mi logro: haber encontrado un estante en mi desordenado cerebro en el que archivar mi espina del surf.
Bien venidos a Líneas desde el charco.
Sergi Galanó, RedFish

2 comentarios:
Yepaaa!
Hemos hecho un amigo!!!!!! :0)
Me alegra esa visión que tienes del surf en el Mediterráneo. Y me alegra especialmente ahora, en que pasaremos un tiempito estigmatizados gracias a "ese" artículo en la última Glide que quizás hayas leído.
Pues nada, a seguir, que veinte años de olas mediterráneas dan para muchas historias que contar, y seguro que las cuentas muy bien.
Un abrazo. Seguro que nos tenemos vistos del agua. O no, aunque Felip me ha hablado a veces de tí.
Luis
Pues no, aún no he visto la Glide... voy a por ella, que me he quedado intrigado.
Y sí, fijo que nos tenemos vistos... ese es el problema de la cosa de los blogs: todo el mundo es anónimo, y lleva un tiempo identificar a cada uno, si es que llegas a identificarlos. Y es que muchos aprovechan ese anonimato para sacar cosas que en el mundo real mantienen escondidas. Puede ser bueno, pero también malo. Es lo que tiene la virtualidad de la red...
Nos vemos!
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